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A TRAVES DEL TUNEL DEL TIEMPO

Autor: Gustavo Dejean. 

Año: 1992


Para quienes saben leer en ellas, las cuevas y cavernas son como un libro abierto, una puerta al pasado o una suerte de túnel del tiempo que permite rastrear las huellas de los primitivos hombres de nuestro planeta.


    "Spelaion" en griego significa caverna o cueva, mientras que "logos" quiere decir tratado o estudio; este es el sentido etimo­lógico de la palabra espeleología. No obstante de ser bastante claro, resulta insuficiente para expresar su campo de estudio. Para una mayor claridad y precisión que su significado etimológi­co, diré que se trata de " una actividad Interdisciplinaria dedicada al estudio del conjunto de objetos concernientes a toda cavidad natural de la tierra".

    Desde hace algún tiempo se suele extraer la palabra "natural" de la definición anterior, dejando así lugar al estudio de  las cavidades artificiales, es decir, de aquellas construcciones o hipogeos nacidas de la mano del hombre. En Buenos Aires y Córdo­ba, por ejemplo existen cavidades hechas en tiempo de la colonia, incluyendo alguna de origen Jesuítico, que merecen su estudio y conservación. Del mismo modo, en Neuquén se encuentran minas abandonadas que fueron explotadas antes de la llegada del hombre europeo, en ellas, curiosamente, han aparecido restos de hachas celts.[1] A partir de estos estudios particulares se empezó a acuñar los términos Espeleología Urbana y Espeleología Minera. Mientras no se aclare lo contrario, de aquí en más, me referiré exclusivamente a las cavidades naturales de la tierra.

    Dije que la Espeleología se trata de una actividad Inter- disciplinaria, y es por ese motivo que no alcanza por sí sola a ser una ciencia, es decir, carece de un método de estudio propio. Para su realización necesita del concurso de ciencias como la geología, antropología, climatología, medicina, biología , física y química, entre otras y también de otras disciplinas técnicas como la topografía, socorrismo, etcétera.

    Conviene aclarar, también, que la espeleología no se limita, como comúnmente se cree, a la investigación subterránea; por el contrario, es imprescindible además ocuparse de la zona epigea que circunda a la caverna. Sólo si empezamos el estudio por el exterior de la caverna -prospección- entenderemos los fenómenos que en ella ocurrieron hasta el presente.

EXPLORANDO EL PASADO

    Desde sus orígenes el hombre usó las cavernas como hábitat ocasional o permanente, como lugar de ritos o cultos, o para enterrar a sus muertos. Gracias a ello muchas cavidades encierran aspectos importantes de la historia y prehistoria humana.

    En el verano de 1923, el famoso espeleólogo Norbert Casteret, mientras exploraba la caverna de Montespan (Francia) exclamó  " ! una flecha de sílex  " , y atrapó en un instante un mensaje que estaba guardado hacía 20.000 años. Sus hallazgos se complementa­ron con ídolos de arcilla y el cráneo de un oso de las cavernas (Ursus spelaeus), testimonios de nuestra prehistoria.

    Esta posibilidad de poder viajar al pasado es uno de los aspectos más importantes de la investigación espeleológica. A modo de ejemplo me referiré a una caverna situada en una de las regiones más convulsionadas del planeta.

 

LA CAVERNA DEL SHANIDAR

    En el monte Baradost, perteneciente al macizo de los Zargos, a unos 400 kilómetros de Bagdad, en la actual Irak y cerca de la frontera con Irán,  se encuentra una gruta natural con una gran boca de acceso. En ella, Ralph S. Solecki, antropólogo de la universidad de Michigan, efectuó estudios en los años 1951, 1953 y 1956.

   El sitio elegido para la excavación fue casi el centro de la cueva, allí,  luego de atravesar los sucesivos estratos, el grupo investigador llegó al verdadero piso de la caverna, oculto bajo 13.5 metros de sedimentos depositados en forma natural desde su formación y debido principalmente a la acción eólica. El corte vertical "verdadero libro natural", fue dividido en cuatro nive­les principales : A, B, C, y D el más profundo de todos, cada uno a su vez dividido en otros subniveles. Cada uno representa un capítulo diferente de la prehistoria del hombre. En el más anti­guo, el D, se puede leer nuestra prehistoria entre los 39000 años hasta los 100.000 años a.c; encontraron tres esqueletos pertene­cientes al hombre del Neanderthal [2] que mediciones posteriores permitieron datarlos en 45.000 años a.c. En otro subnivel supe­rior hallaron restos del Homo Sapiens.

  El nivel C data de 29.000 a 34.000 años a.c, y los restos hallados en él corresponden a una cultura paleolítica.

    Utensilios propios de hombres que desconocían la agricultura y la domesticación de los animales, representaron los hallazgos del nivel B, cuyos sedimentos corresponden de los 12.000 a los 29.000 años a.c.

    Finalmente , el estrato A, de un metro y medio de espesor, contiene elementos característicos  de la  Edad de la piedra Pulida (Neolítico), con una antigüedad de 7.000 años en la base y restos actuales en la superficie. Es el nivel que guarda la historia del momento en que el hombre dejó de ser cazador y nómade para establecerse como agricultor y comenzar la domestica­ción de algunos animales. Fue también en este período cuando en la vecina Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Eufrates, nacieron las espléndidas civilizaciones de los Sumerios, Babilonios, Asirios y Persas. Estas culturas, como muchas otras, crecieron, alcanzaron una etapa de esplendor y decayeron; mientras tanto, en la caverna del Shanidar, sus primitivos habitantes vivían sin sobresaltos, absolutamente aislados , sin la menor noticia de los imperios que nacían y morían a tan escasa distancia.

    En el presente siglo, la región del Kurdistán, donde se halla la caverna, luego de varias modificaciones de límites -siempre ajenas a sus habitantes-, quedó dividida en tres países: Tur­quía, Irán e Irak. En 1956, año de la última exploración, la cueva seguía habitada por pastores kurdos, quienes continuaban cuidando sus rebaños de cabras encendiendo fuego frotando piedras de sílex con pedazos de hierro, y alimentándose de trigo molido a mano, leche y queso de cabra. Las mujeres aún hacían largas caminatas en busca de agua, la que recogían en recipientes hechos con cuero de cabra. Es decir , continuaban con las mismas costum­bres de hace 25.000 años a.c, las de los antiguos asirios, pero no precisamente las de aquellos que habitaban en las grandes ciudades.              

    Últimamente la situación no ha variado. El pueblo kurdo luchó contra Irak, el peor de sus opresores, pero las armas químicas y un bloqueo de alimentos lo silenciaron y obligaron a un éxodo de más de un millón de personas.

    Por asombroso que parezca, es razonablemente posible que en la actualidad la cueva de Shanidar siga habitada por pastores cavernícolas y sea una codiciada residencia para miles de refu­giados kurdos que habitan en los campamentos de la Cruz Roja Internacional. 

    Al explorar las cavernas, sin importar donde éstas se hallen, ya sea en Asia, en los Pirineos o en nuestra Cordillera de los Andes estamos desandando el camino que nos une con nuestros orígenes. Y esto es mucho más que spelaion y logos.      

GLOSARIO

1)   hachas celts : son hachas de roca afilada y mango de madera. La referencia más gráfica que puede darse de ellas, es que son del tipo de las que utilizan "los picapiedras" en el conocido dibujo animado. El sistema con que se las construía  era, además de muy ingenioso, muy paciente : consistía en incrustar en una rama de un árbol vivo, el trozo de roca previamente afilado. Con el tiempo -a veces muchos años- quedaba firmemente sujeto, enton­ces se cortaba la rama y el hacha estaba listo para su uso.

2)   Neanderthal : Los cráneos Neanderthalenses del Shanidar si  bien concuerdan con los ya conocidos de su especie, presentan algunas características más evolucionadas que los acercan ligera­mente al Homo Sapiens : el arco superciliar no es continuo, sino que contiene una interrupción hacia su mitad, como el hombre contemporáneo.


© 2003 Centro Argentino de Espeleología C.A.E.

 

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