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CONOCIENDO A LA NATURALEZA  

Autor: Gustavo Dejean

Año: 1992


Durante tres días un grupo de treinta y cinco jóvenes desarrolló una singular experiencia dentro de una caverna al pie de la cordillera de Los Andes.


    Hace un año  en el mes de febrero, en la ciudad bonaerense de Chivilcoy, a instancias del profesor de física y Director del Instituto Municipal de Estudios Científicos y Técnicos (IMECT), señor Armando Eugenio Zandanel, se emprendió una singular experiencia pedagógica de la cual tuve la fortuna de poder participar por segunda vez consecutiva.

 

     UN POCO DE HISTORIA

     Desde el año 1985, en torno del IMECT se aglutinó un grupo de jóvenes entusiastas por promover el conocimiento científico y técnico en la comunidad. Anualmente realizan una Feria de Ciencias en la cuál pueden concursar alumnos de todos los establecimientos secundarios. En los años 1990 y 1991 ,a los que presentaron algún trabajo se les otorgó la posibilidad de participar en un viaje muy particular. La elección del objetivo fue, en ambas ocasiones, la Caverna de Las Brujas, situada en el Departamento de Malargüe, provincia de Mendoza. Esta elección se debió al gran entusiasmo que despertó entre los miembros del IMECT una conferencia dada por el espeleólogo Julio Goyen Aguado, tiempo atrás , en la misma ciudad de Chivilcoy.

    En el primer viaje fueron veinticinco los alumnos distinguidos, en el segundo, participaron treinta y cinco junto a ocho adultos que los acompañaron.

    Luego de un año de preparativos lograron los fondos para financiar el viaje; el cincuenta por ciento  lo otorgó la comunidad a través de la Secretaría de Cultura Municipal y la otra mitad la obtuvieron los mismos alumnos merced a rifas y rebusques de todo tipo.

 

DESARROLLO DEL VIAJE

    La experiencia del primer viaje fue bien aprovechada, el Centro Argentino de Espeleología (CAE) Institución pionera en actividades espeleológicas fue nuevamente invitada para hacerse cargo de todo lo concerniente a la estadía del contingente en la Caverna.

    Al ser miembro activo de la Institución, como dijera antes,  fui invitado a participar nuevamente de esta gran experiencia.

    Aumentar la relación espeleólogos-alumnos fue fundamental para garantizar la seguridad de éstos. Por tal motivo los dividimos en cuatro grupos, cada uno de ellos compuesto aproximadamente por siete novatos, dos aventajados (estudiantes con experiencia previa en cavernas y buena destreza física) y un espeleólogo.

    Los recorridos realizados dentro de la Caverna fueron muchos: La Sala de Las Flores, de La Arena, de La Estalagmita Gigante, de los Derrumbes, del Libro, la galería del Jardín de las Brujas, etc; todos nombres sugestivos pero en grado mínimo con respecto a las vivencias de los exploradores subterráneos.

    Cada exploración significaba una agotadora jornada de cuatro a seis horas.

    El campamento Base lo instalamos dentro de la caverna, en la sala más grande que posee: La Sala de la Virgen. En ella dormimos dos noches seguidas en bolsas de dormir bajo un techo de pequeñas estalactitas, con una temperatura casi constante de 7° C y una humedad al punto de la saturación : 99 por ciento.

    Hubo buenas sorpresas : en una de las incursiones a una sala que se creía terminal (que no da acceso a ningún otro lado) exploramos en sentido vertical hacia arriba y luego de continuar encontramos otra estrecha galería, superior a la primera y algo superpuesta con aquella. Avanzando por esta de manera muy lenta, llegando a su final, repetimos la misma operación pero esta vez topamos con una dificultad: un pequeño orificio de tan solo 22 cm de ancho obstruía la supuesta entrada a otro supuesto nuevo piso superior, entonces fue cuando recurrí al más menudo de la expedición quién sin más lo sorteó y a fuerza de martillazos abrió el paso para los demás. El esfuerzo fue premiado, pues a los pocos metros, encontramos una pequeña sala singular por su belleza, la bautizamos como Sala de los Macarrones, por existir en ella una infinidad de estas formaciones que asemejan a un pequeño tubo de medio centímetro de ancho, hueco y sumamente frágil, a veces basta con un soplido para que oscilen suavemente, cuelgan del techo al igual que las estalactitas y en su crecimiento pueden quedar unidas al piso.

     En otra oportunidad se hizo el recorrido que une El Pozo de la Duda con la Sala de los Derrumbes, una conexión conocida desde hacía tiempo pero nunca realizada por la estrechez de las galerías que las comunican. La Sala del Libro  fue una recorrida obligada pues en ella se encuentra desde hace muchos años un libro de visitas donde los ocasionales y atrevidos turistas o espeleólogos dejan su nombre.

    Simultáneamente a la exploración subterránea salían dos grupos a prospectar el terreno circundante a la caverna para tratar de encontrar nuevas entradas a distintas cavernas. Solo pudimos encontrar algunas cuevas de corta extensión.

    Los estudiantes pudieron buscar en la zona fósiles marinos como los amonites que abundan en la región, rastrear y extraer agua de un manantial cercano fue otra de las tareas extra que debieron realizar.

    A la recolección de los residuos propios y ajenos (dejados por ocasionales visitantes) le dedicamos también su tiempo, de esa manera, se trató  de evitar entre otras cosas, la contaminación visual del lugar y hacer prender el espíritu de respeto por la naturaleza entre los alumnos. También se les brindó charlas a nivel informativo y técnico de distintos temas y fueron respondidas casi todas sus preguntas en todo momento, pero es ahí donde quedó una antinomia por superar.

 

 UNA DIFÍCIL CONJUNCIÓN

    En cada uno de nosotros existe un instinto que duerme al  estar inhibido por suponer que ya no existe espacio para el mismo, instinto que solo suena  en la cabeza del estudiante durante alguna clase  de  historia, pero que nunca fue traspasado al presente. El despertar de este instinto de aventura, de explorador de tierras ignotas, de expediciones a lo desconocido, debe saber conjugarse con el aprendizaje de las Ciencias Naturales. En esta encrucijada de estudio científico de las Ciencias Naturales versus instinto de exploración y de aventura se tendrá que ahondar en el futuro, para que uno apoye al otro sin que ninguno de los dos quede a la zaga. Una posible conjunción de estas dos tendencias bien definidas es, en principio,  el Respeto por la Naturaleza.


Agradecimientos:

MUNICIPALIDAD DE MALARGUE      

MUNICIPALIDAD DE CHIVILCOY  

TRANSPORTES AUTOMOTORES LAIOLO

CENTRO  ARGENTINO DE ESPELEOLOGIA  


© 2003 Centro Argentino de Espeleología C.A.E.

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